Una computadora que tarda varios minutos en encender o que se queda sin espacio para archivos no necesariamente ha llegado al final de su vida útil. En muchos casos, un único cambio interno puede mejorar notablemente su rendimiento y evitar la compra de un equipo nuevo.
El reemplazo más significativo suele ser el almacenamiento, es decir, el disco donde se guarda toda la información. Sustituir el disco rígido tradicional (HDD), un componente mecánico, por un disco de estado sólido (SSD) que no tiene partes móviles, puede reducir drásticamente el tiempo de arranque y acelerar la apertura de programas. Este cambio es especialmente notable al trabajar, estudiar, navegar por internet o jugar.
En los últimos años, los SSD se han convertido en el estándar de la industria, incluyéndose prácticamente en todas las notebooks nuevas. Sin embargo, millones de computadoras aún utilizan discos rígidos tradicionales, lo que convierte la actualización a un SSD en una de las formas más económicas de prolongar la vida útil de un equipo. Para quienes ya poseen un SSD, una opción es el SSD NVMe, una variante aún más rápida.
SSD o NVMe: ¿Cuál conviene y qué diferencias existen?
Los discos SSD almacenan información en memoria flash, la misma tecnología que utilizan los pendrives, pero con mayor calidad y velocidad. Al no tener partes móviles, permiten una lectura y escritura de datos más rápida, consumen menos energía y son más resistentes a golpes.
Existen dos variantes principales de SSD: SATA y NVMe. Los SSD SATA son compatibles con la mayoría de los equipos fabricados en la última década y representan una mejora significativa en rendimiento al sustituir un disco rígido. Por otro lado, los SSD NVMe se conectan directamente a la placa madre, permitiendo alcanzar velocidades superiores. Aunque ambos tipos mejoran la experiencia de uso, si la computadora es compatible con NVMe, esta es la opción recomendada.
¿Cuánta memoria RAM se necesita hoy?
Además del disco, otro componente clave es la memoria RAM, que permite a la computadora trabajar en tiempo real con los programas abiertos. Cuando la RAM es insuficiente, el equipo se vuelve lento al abrir múltiples ventanas o pestañas simultáneamente. Ampliar la memoria RAM junto con el cambio de disco puede incrementar aún más el rendimiento.
Contar con 16 GB de memoria RAM es un buen punto de referencia para la mayoría de los usuarios, permitiendo trabajar con varios programas abiertos sin que la computadora se trabe. En equipos con 8 GB, ampliar la capacidad también produce mejoras notables.
Precios de discos SSD y memorias RAM en Argentina
En el mercado argentino, hay una amplia variedad de marcas y modelos tanto en SSD SATA como NVMe. Entre las opciones más económicas destacan los Kingston NV2 y Kingston NV3. Para usuarios que requieren mayor potencia, como en edición de video o diseño gráfico, existen modelos de gama alta como Kingston KC3000.
Los precios varían según la capacidad de almacenamiento y la cotización del dólar. Un SSD SATA de 480 o 500 GB puede encontrarse entre $180.000 y $250.000, mientras que un SSD NVMe de 500 GB ronda entre $180.000 y $360.000. En la gama alta, modelos como el Kingston KC3000 pueden superar los $400.000.
Los módulos de memoria RAM son significativamente más económicos, con un módulo de 8 GB entre $20.000 y $30.000, y uno de 16 GB entre $23.000 y $35.000. Es fundamental verificar la compatibilidad de la memoria RAM con la computadora antes de adquirirla.
Si el presupuesto solo permite una actualización, cambiar el disco rígido por un SSD sigue siendo la mejora que más se nota. Si además la computadora permite ampliar la memoria RAM, combinar ambos cambios puede extender la vida útil del equipo sin necesidad de reemplazarlo.
Fuente: Pdn